¿Cuando fue la última vez que te paraste a simplemente estar en silencio y calmar tu mente? Al igual que tu cuerpo, tu mente necesita momentos de paz y calma. El sueño es algo vital por esta razón, pero el tiempo que pasamos despiertos es largo, y desarrollamos muchas actividades distintas, requiriendo de nuestra herramienta, la mente, una atención y una agilidad concretas. Estas actividades son esenciales para mantener este músculo en forma, pero como todos los demás, necesitamos "estirarlo" después de un esfuerzo.
El silencio mental es clave para mantener un equilibrio mental. Sin embargo, en este múndo físico, es una de nuestras últimas prioridades. Antes está el cansancio físico, las actividades frenéticas, el trabajo, las preocupaciones, los deseos, las posibilidades, el futuro, los recuerdos...
Dejar espacio en nuestra mente para que los pensamientos pasen de largo, sin engancharnos con ellos, nos permite un descanso profundo que se traslada a todos los ámbitos del ser, produciendo un efecto relajante en el cuerpo, el cual por fín no está atado a las exigencias de actividad de la mente, la cual descansa y vuelve a la actividad cada vez con una mayor capacidad de atención y lucidez; la imaginación se vuelve más creativa, etc. Es decir, se producen beneficios a todos los niveles.
La meditación puede ser una de las herramientas que nos ayudan a lograr esto, es más, a permitirlo, ya que es el estado natural de la mente. Puede ser activa o pasiva, centrándonos en una actividad en concreto como caminar, o estándo simplemente en silencio. El yoga, el tai-chi, y demás técnicas similares favorecen la concentración en el momento presente, evitando que la mente divague en futuros probables, responsabilidades, problemas, etc.
Los efectos de esta práctica son beneficiosos para cualquier ser humano, permitiéndonos adentrarnos más en nosotros mismos y acercándonos a nuestra verdadera esencia. Su práctica regular agudiza la mente, la hace agil, efectiva, y convierte a nuestra mente en la herramienta que realmente es, utilizándola sólo cuando es necesaria, y dejándonos espacio para existir y observar la experiencia el resto del tiempo. Nos volvemos más intuitivos, más auténticos y honestos con nosotros mismos. Es un tesoro, el cual sólo te pide unos minutos al día. ¿No crees que vale la pena?
jueves, 5 de febrero de 2009
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